Verano 2026

Algunas fotos de mi verano de 2026, con Ektar 100. De más a menos alegres.

Desde la playa del Cemento, en La Rapita, a orilla del mar y a orilla de una cementera que muge periódicamente con una misión desconocida para mí. Es curiosa la imagen, no es tanto un rugido como el ruido de la televisión sino hay canales sintonizados. Mejor ese ruido al anterior, una persona a nuestra vera comiendo pipas. Nos ha obligado a ir al agua, aún embadurnados en crema. Está siendo un fin de semana tranquilo, pacífico, hoy ya es domingo. Después de una semana de hipertensión arterial, he podido bajar la guardia. Viajamos a la Senia el viernes, sus casi seis horas en coche. Esta vez el viaje se hizo más corto, no dormí y pudimos charlar. El atasco habitual en la entrada a Valencia y la rigidez jugando en mi contra cuando los coches del otro carril se aprovechan del conductor de delante, siempre el menos asertivo.

Ayer por la mañana básicamente dormí hasta pasadas las once. Preparamos los bocatas de tortilla, unas cervezas en la neverita, botellas de agua y nos vamos a la playa del Trabucador parando en el famoso mirador de Flamencos del Delta del Ebro. Estuve aquí con 16 años, hace dos décadas, volviendo de un viaje con el instituto. Recuerdo el atardecer, recuerdo que había una luz naranja, recuerdo la camiseta que llevaba porque hace no mucho vi las fotos. Sospecho que sino las hubiera visto, también recordaría que iba de negro con una camiseta morada de rayas, dos trenzas largas a ambos lados de la cara. Recuerdo quienes eran mis amigos y recuerdo algún personaje secundario.

 

Esta vez no fuimos al atardecer sino a las 13h, el sol casi forma una vertical con la coronilla. Una familia de Albanos se han saltado la valla y se hacen fotos protesta contra las grandes corporaciones que socaban el medio ambiente en su país. Flamingo Revenge creo que se llaman y dos de los integrantes, menores, se cuelan de manera reiterada con sus dibujos de pájaros rosas en las fotos que tomo de la Salina. Puede ser un desastre o puede tener su gracia.

 

En la playa los miedos de siempre, que roben mis pertenencias en la sombrilla, que Aitor se vaya muy para lo hondo, alguien comiendo pipas en las tumbonas de al lado, mirar hacia abajo.

Hay un muelle, le pedimos a una desconocida que nos haga una foto juntos y todas salen torcidas, encuadradas sin ganas, me extraña que no se colara su dedo en el visor. Me duele el brazo de escribir. Aitor lee Poeta Chileno. Le pregunté de qué iba y contestó que de un poeta chileno.

 

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